miércoles, 23 de diciembre de 2015

Reseña #34: El horror de Dunwich, H. P. Lovecraft

Llevamos treinta y tres entradas (y pico) y muy pocos autores clásicos, así que para rellenar, y desquitarnos, hoy le toca a uno con nombre imponente, Howard Philiphs Lovecraft. Sólo con leerlo se te llena la boca; paladeadlo bien porque tardaréis unas semanas en tener más.

A pocos no os sonará este autor que vivió, padeció y escribió a principios del siglo XX. Lovecraft cultivó varios géneros literarios e introdujo lo que años después los eruditos denominarían horror cósmico. Esta corriente espacial agrupa muchos de los relatos del escritor estadounidense, en los que se mezcla el clásico terror gótico con la ciencia ficción, resultando en un montón de espíritus mal encarados, tentáculos y muchos pares de ojos. De aquí nacen los mitos de Ctulthu, aunque nunca fueron concebidos como tales por el propio autor; fue uno de sus amigos y seguidores August Derleth, quien seleccionó y estructuró trece de sus relatos para confeccionar el citado ciclo literario. Como estaréis imaginando, entre ellos se encuentra la composición objeto de esta reseña, El horror de Dunwich.

Los mitos, en conjunto, constituyen un auténtico universo que sirve de trasfondo para las macabras historias que Lovecraft nos cuenta: hombres y mujeres perturbados que adoran a dioses y criaturas sobrenaturales, de este u otro planeta. Así, a groso modo, el panteón lovecraftiano podría estructurarse jerárquicamente como una pirámide, muy etérea toda ella. En la base encontramos a los Primigineos, entre los que se incluyen los famosos Ctulthu, unos extraterrestres muy simpaticones. Por encima aparecen los dioses exteriores (como Yog Shothoth, mencionado aquí, en El horror de Dunwich), antaño aliados con los primigeneos para enfrentar a los dioses arquetípicos, quienes ocupan la cúspide de nuestra pirámide. Estos últimos son los "menos malos", pero no demasiado, no vaya a generarse la clásica distinción entre el bien y el mal que Lovecraft tanto trata de evitar.

H. P. Lovecraft puso
las californianas de moda.
De Lovecraft, además de su obra, cabe destacar su extravagancia y peculiar estilo de vida. Desde temprana edad demostró ser un ávido lector y ateo convencido, y a pesar de su escaso gusto por el colegio (estuvo escolarizado muy pocos años), consiguió formarse en química y astronomía, llegando a colaborar en su adolescencia con varias revistas científicas. Tampoco era un entusiasta de las relaciones sociales y durante muchos años vivió recluido en su casa, escribiendo y manteniendo contacto con el mundo exterior vía carta. Pero el autor tampoco era un chico seta, conoció (suponemos) el amor con Sonia Greene, una mujer 7 años mayor que él, con la que tuvo un matrimonio breve.

Sus apuros económicos le llevaron a hacer de corrector para otros escritores, lo que le sirvió para conocer a parte de su círculo de talentosas amistades; por citar un ejemplo, en él se encontraba  Robert E. Howard, el creador de Conan, el bárbaro. La última etapa de la vida de Lovecraft estuvo marcada por sus problemas de salud; al parecer siempre tuvo dificultades para mantener su calor corporal y soportar las bajas temperaturas. Sin embargo, la causa de su fallecimiento, a los 46 años de edad, fue achacada a un cáncer intestinal.


Sinopsis

«Nadie, ni siquiera quienes conocen los hechos relacionados con el horror reciente, puede decir con exactitud qué sucede con Dunwich; aunque las leyendas antiguas hablan de ritos impíos y aquelarres de los indios, en medio de los cuales invocaban a sombras prohibidas en las grandes colinas redondeadas y realizaban salvajes plegarias orgiásticas contestadas por fuertes crujidos y truenos bajo tierra». Wilbur Whateley, hijo precoz y monstruoso de una solitaria familia de Dunwich, conserva parte del atroz secreto del Necronomicón, el libro prohibido. El secreto no puede, no debe, ser revelado a los hombres: las fuerzas del mal perviven y pueden invocarse. Una vez desatadas, el mundo conocerá su apocalipsis. El horror de Dunwich es uno de los relatos más perturbadores de la literatura de terror. Las ilustraciones de Santiago Caruso se cuentan entre las mejores recreaciones gráficas del imaginario de H. P. Lovecraft.

El horror de Dunwich fue publicado en abril de 1929 por Weird Tales, una de las más ilustres revistas pulp de su época y de la nuestra. Desde entonces se ha editado y reeditado, como casi todos los textos relevantes, mejor o peor, unas cuantas veces. Esta reseña la he hecho con la edición de Zorro Rojo debajo del brazo, un ejemplar pequeño pero matón ilustrado por el argentino Santiago Caruso


Reseña

Tras darnos las indicaciones necesarias para llegar a Dunwich (ficticiamente ubicado en Massachusetts), con precisión de GPS, Lovecraft nos pone en antecedentes para que nadie se extrañe de lo que va a venir después: situado al pie de Sentinel Hill, el pueblo se encuentra rodeado por una siniestra atmósfera de misterio.

Allá en 1913, coincidiendo con la fiesta de la Candelaria, un grito atronador procedente de las colinas se oyó en todo el pueblo. Esa misma noche sería también recordada entre los habitantes de Dunwich por el nacimiento de Wilbur Whateley, hijo de Lavinia Whateley.
Lavinia es una curiosa mujer albina, así como un poco deforme, que vive con su anciano padre, quien tenía fama de practicante de magia negra y seguidor de Yog Sothoth.

El pequeño Wilbur, que es tan feo que hasta le ladran los perros, crece a una velocidad anormal, lo que despierta la curiosidad y el temor de las gentes del pueblo. A los pocos años ya tiene tamaño suficiente para ayudar al yayo con las reformas de la casa, que le quiere poner un segundo piso, y a hacer magia con un montón de vacas, que entran en la edificación pero nadie sabe por donde salen. 

Pasa el tiempo y el viejo Whateley muere (cosas de la biología), dejándole a Wilbur el papel de patriarca y todo el pufo de las reformas. Para continuar con la misión del anciano, Wilbur necesita una copia completa del Necronomicón (del que aquí no se nos explica mucho más), así que va a cotejar la suya con la conservada en la Universidad de Miskatonic. Allí conoce al doctor Armitage y a otros eruditos que tendrán un papel trascendental a la hora de tratar de frenar el horror de Dunwich.

Sin advertencia previa llegaron aquellos sonidos vocales profundos, cascados, roncos que nunca abandonarían la memoria de los estremecidos hombres que los oyeron. No habían nacido de ninguna garganta humana, porque los órganos del hombre no pueden soportar semejantes perversiones acústicas.


Lo cierto es que nunca me han llamado la atención las novelas ilustradas, pienso que el extra de los dibujitos sirve para exagerar su precio más que para aumentar su calidad. Sin embargo, en este ejemplar las imágenes no me han sobrado; le hacen un favor a la ambientación y también ayudan a comprender más fácilmente el argumento, porque esta no es una lectura de campo y/o playa. A pesar de la buena traducción de Zorro Rojo, el relato es denso; requiere sin duda bastante atención y posiblemente una relectura. Si no ponéis más ojos que Yog Sothoth posiblemente, como a mí, se os escapen algunos detalles. Así que para los más despistados os dejo aquí una aclaración censurada, por supuesto, que es de sobra conocida la especial sensibilidad de los humanos a los spoiler  en todas sus variantes (seleccionad el cuadrito para leerlo):

Pues resulta que el anciano Whateley quería encontrarle un buen marido a su hija, así que después de marcarse unos bailes desnudo por Sentinel Hill decidió arrejuntarla con Yog Sothoth. Así la Lavi se quedó preñada de gemelos: el Wilbur, que era feo pero se le podía dejar salir de casa, y  el horror de Dunwich, algo especialito porque había salido más a papá Sothoth  (de cuerpo babosil, con muchos ojos y tal). La misión del viejo Whaterley, y después la de Wilbur, era cuidar del chico babosa hasta que hubiese madurado para arrasarlo con todo, desde Dunwich a la Luna ida y vuelta. 

Sin duda El horror de Dunwich es un clásico, corto y ameno, que merece que todos los aficionados del terror, lo paranormal y los ojos le den una oportunidad. Si queréis adentraros en el maravilloso mundo de los mitos de Ctulthu esta podría ser una buena lectura, ya que no necesita mucho conocimiento del universo lovecraftiano para su entendimiento.

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