viernes, 22 de diciembre de 2017

Curiosidades literarias #2


¡Hola, merlucitas! ¿Os acordáis de aquella entrada de curiosidades literarias que os prometí subir una vez a la semana? Pues, como buena mujer sin palabra que soy, unos cuantos meses después, aquí tenéis su segunda parte. Si habéis llegado directamente a esta entrada, no os podéis perder las chorradas y barbaridades de su predecesora (aquí).

Os voy a contar cuatro curiosidades sobre el mundo de la literatura y la gramática, y estoy convencida de que al menos una de ellas os sorprenderá. Espero que la entrada os guste y si queréis aportar algún dato curioso, escabroso o alarmante, o simplemente expresar vuestra alegría, disgusto o asco no dudéis en hacerlo. ¡Sed siempre libres, grumetillos!

Tiene hojas para rato

La novela publicada más extensa del mundo se titula “Artáneme o Ciro el Grande” (Artaméne ou le grand cyrus, 1649 1653); consta de 10 volúmenes y un total de 1.954.300 palabras. Las primeras páginas de la obra aparecen firmadas por Georges Scudéry aunque la autoría de la misma se atribuye a su hermana Madeleine. En esta novela, la autora francesa puso de manifiesto su aversión hacia el matrimonio, declarándolo una institución tiránica; ella misma escogió un estilo de vida acorde a sus palabras y nunca se casó.

Madeleine Scudéry es conocida como la primera mujer literata de Francia y también como la primera fémina en obtener el premio de elocuencia de la academia francesa. Escribió diversas obras durante la última mitad del siglo XVII, bajo el pseudónimo de Safo o firmando con su propio nombre. Falleció a los 93 años (1607 - 1701), otra proeza nada desdeñable para aquella época.



Dos páginas al día, ¿qué alegría?

El escritor portugués y ganador del Premio Nobel José Saramago siempre escribía dos páginas por día, nunca más; después las imprimía para corregirlas en papel. Fue con su última obra, Alabardas (2014), publicada postumamente, solo cuando el autor rompió su rutina. Le habían diagnosticado una leucemia crónica y la enfermedad le obligó a escribir solo cada vez que podía. Tan solo alcanzó a terminar 3 capítulos antes de fallecer. Con los textos que dejó en su ordenador y las copias impresas guardadas en una carpeta roja, su viuda, Pilar del Río, pudo publicar la novela cuatro años después de la muerte de  su esposo. En esta obra inconclusa Saramago reflexiona sobre la razón por la cual no se conocían las huelgas en las fábricas de armas. 


Pero, ¿de dónde ha salido este mago?

El origen del título de El mago de Oz (1900) tiene su intriga y a lo largo de la historia se ha especulado mucho sobre su origen: unos dicen que Oz es una referencia a la onza, la antigua medida del oro (cuya abreviatura es la misma, oz); otros que alude a la tierra de Uz, el lugar donde residía Jacob (uno de los patriarcas de la Biblia); los más imaginativos dicen que es la forma acortada de Ozymandius, un poema del escritor británico Percy Bysshe Shelly; y algunos pocos afirman que se trata de una adaptación del pseudónimo con el Charles Dickens firmó algunos artículos publicados en periódicos, Boz. Sin embargo, la explicación para el título de la archiconocida obra es mucho más sencilla: se ve que el autor, Lyman Frank Baum, andaba corto de ideas y decidió buscar inspiración en lo que tenía más a mano; esto resultó ser una de las carpetas de su escritorio, aquella que contenía los archivos de la O a la Z (O-Z). 


Se gramaticool

Para expresar ánimo o alegría solemos emplear la tercera persona del presente de subjuntivo del verbo vivir ("viva"), normalmente seguida de un sustantivo. Este sustantivo actúa como sujeto, por lo que el verbo vivir debe conjugarse de tal modo que concuerde en número con este. Vaya lío, ¿no? Simplificando, esto quiere decir que, por muy raro que nos suene, en ocasiones se dice "vivan" y no "viva". Si no me creéis revisemos la bibliografía; el Diccionario panhispánico de dudas emplea el siguiente ejemplo: "¡Vivan las Cortes de Cádiz, viva la desamortización!". Si no existe sujeto ni un complemento al que el verbo se refiera se emplea siempre la forma singular del verbo, por ejemplo, "A mí me gusta tirar grumetillos por la borda, ¡viva!".


Así que ya sabéis, si queréis quedar de gramaticools en la próxima boda, gritad "¡Vivan los novios!" y responded sólo "¡Viva!"... Aunque quizás nunca más os vuelvan a invitar a una. 


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